y edvard gritó

  (Inspirado en el cuadro de Edvard Munch "El grito"

 
Este relato forma parte del libro publicado por los Calamitas "Relatos sobre Lienzo")

Di una fuerte calada, sentí como mi garganta iba abrasándome hasta llenar con ese humo infecto mis pulmones. Abrí los ojos, las manchas negruzcas del techo se hicieron simas abismales que intentaban tragarme. Asustado me giré hacia la pared encerrándome como un erizo mientras canturreaba aquella canción infantil, la que usaba para evadirme cada vez que él entraba en mi cuarto.
 
No, aquello dejo de ser útil el día que él me la susurro al oído. Cerré de nuevo los ojos y di otra bocanada más. El ardor fue arrastrándose por mis fosas nasales, penetrando con sigilo en mi cerebro, inundando de nubes gelatinosas cada rincón de mi mente. Había paz.
 
 Al abrir de nuevo los ojos pude ver como los rayos de la tarde taladraban la corroída cortina, dejando impresa en la pared miles de proyectiles sangrientos.
 
Me arrastré hasta la puerta, mis manos cogieron con fuerza el pomo, y me incorporé tambaleándome. La madera, viva, era una mezcla de astillas y gusanos. Salí con rápida lentitud hasta el muelle de la bahía, por el camino mi cuerpo fue derritiéndose a cada paso dejando un reguero de miembros descompuestos. Asido a la valla pude ver como Oslo se diluía bajo las [i]“lenguas de fuego y sangre que se extendían sobre el fiordo negro azulado”. Me giré aterrado gritando mientras mi cuerpo iba fundiéndose con el infinito paisaje.